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¿Por qué puedes quemarte la piel aunque sientas frío?

9 de septiembre de 2026

5 min. de lectura

Aunque sientas frío, la nieve refleja hasta 80% de la radiación UV. El sol directo y el reflejo del suelo suman exposición. Por eso no basta con una chaqueta gruesa. Usa un protector solar de amplio espectro y gafas con bloqueo UV. Guarda el envase en el bolsillo y reaplica durante el día para evitar quemaduras invisibles mientras practicas esquí o paseos en la nieve.

Frío, altura y radiación: qué factores considerar sin confundir temperatura con exposición

Un error común es pensar que el frío reduce el riesgo solar. La nieve refleja hasta un 80% de la radiación UV, por eso el rostro y las piernas reciben radiación directa y reflejada. Además, la radiación aumenta con la altitud. Por cada 1.000 metros de altura el aporte de UV sube alrededor de un 10%. Esa suma transforma una salida recreativa en una jornada de alta exposición. En la montaña el sol está intenso aun cuando el termómetro marque valores bajo cero. La capa de aire es más delgada en altura y filtra menos radiación. La posición baja del sol durante el invierno tampoco elimina el riesgo. Los rayos entran a la piel sin dar sensación de calor. Para decidir la protección apropiada considera la altitud y la duración de la exposición. Si vas a estar varias horas por sobre los 1.500 metros, el factor de protección debe incrementarse y la reaplicación debe ser frecuente. Llevar un espejo compacto ayuda a revisar zonas traseras y a detectar enrojecimientos temprano.

Cómo elegir y reaplicar protector solar durante la jornada

Elegir el protector solar adecuado es determinante para proteger la piel en la nieve. Busca un factor de protección solar de al menos FPS 30, y en altitudes altas o días de larga exposición elige FPS 50 o más. El producto debe ser de amplio espectro para cubrir tanto los rayos UVA como los UVB. Las pieles claras requieren mayor protección, y las pieles más oscuras mantienen protección pero sin bajar excesivamente el FPS. Si la piel es sensible opta por protectores minerales con óxido de zinc o dióxido de titanio, que no contienen algunos filtros químicos que irritan. La textura importa para la actividad. Una fórmula resistente al agua mejora la adhesión frente al sudor y al contacto con la ropa. Reaplica con regularidad. Aplica una capa generosa y vuelve a poner protector cada 2 horas durante la actividad intensa. Si caes o llevas una chaqueta que roza la cara reaplica con más frecuencia. Lleva siempre un envase a mano. Un aplicador en tubo o stick facilita retoques en nariz y labios. Guardar el protector en el bolsillo mantiene la temperatura del producto y evita que se espese con el frío.

Labios, nariz, orejas y contorno de ojos: zonas fáciles de olvidar

Hay zonas del rostro que reciben gran cantidad de radiación por el reflejo en la nieve y que con facilidad se olvidan. Los labios necesitan un bálsamo con protección. Busca un producto con al menos SPF 30 para protegerlos de quemaduras y del agrietamiento por el frío. La nariz y las orejas están expuestas y muestran enrojecimiento con rapidez. Aplica una cantidad generosa sobre la punta de la nariz y detrás de las orejas para cubrir la piel fina. El contorno de los ojos merece cuidado extra. Incluso con antiparras la piel alrededor sigue siendo sensible. Usa un protector formulado para la zona ocular que sea hipoalergénico y libre de fragancias. Extiende la protección hacia la frente y la línea del cabello. Lleva una pequeña toallita o espejo para revisar que no queden zonas sin cubrir. Reaplica estas áreas cada vez que pongas crema en el resto del rostro, y más si has estado tiempo al viento o al sol directo.

Lentes y antiparras: comodidad y protección visual

La protección de los ojos es parte de la protección integral en la nieve. Los lentes de sol y las antiparras evitan que la córnea sufra daño por la radiación y por el reflejo que causa la llamada ceguera de la nieve. Elige modelos que bloqueen el 100% de los rayos UVA y UVB. Revisa la etiqueta o la indicación del fabricante antes de comprar. El color del vidrio influye en la percepción. Tonos gris, marrón o verde entregan buena definición y contraste en superficies brillantes. La montura debe ajustarse sin apretar y sin moverse mientras te desplazas. Busca correas ajustables y marcos ligeros. Los lentes con ventilación reducen el empañamiento en jornadas largas. Llevar un par de repuesto es práctico si se mojan o se rompen. Guarda siempre los lentes en un estuche rígido para que no pierdan forma. Si usas lentes de contacto reforzar la protección con antiparras otorga una barrera adicional frente a la radiación y al viento.

Rutina de hidratación al volver a casa

Al volver a casa tu piel necesita reparación y calma. Primero limpia con un producto suave para eliminar restos de protector solar y suciedad. Evita jabones fuertes que alteren la barrera cutánea. Aplica después una crema hidratante que contenga ácido hialurónico, glicerina o ceramidas, ingredientes que ayudan a recuperar la humedad y reforzar la barrera. No olvides cuello y manos, zonas que reciben contacto directo con la nieve. Si sientes la piel muy tirante utiliza un aceite facial para sellar la hidratación durante la noche. Desde la perspectiva de salud pública, el Ministerio de Salud fomenta la prevención de quemaduras solares y la atención temprana ante cualquier lesión. Mantén la hidratación interna. Lleva al menos una botella extra de 500 ml para reponer líquidos durante el día y alterna con una infusión caliente si quieres entrar en calor. Incorpora frutas y verduras en las comidas al volver a casa para aportar vitaminas. Si observas ampollas, dolor intenso o fiebre busca atención médica. Evita los exfoliantes faciales por 72 horas y no expongas la piel a calor directo como saunas durante dos días. Un cuidado atento en las primeras 48 horas mejora la recuperación y reduce riesgos de complicaciones.

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